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jueves, 16 de enero de 2014
La Leyenda del primer Icaro
Wayra como cada alba solía despertar a los tunquis, pilcos y picaflores del interior de la Selva, deleitándose luego con sus vuelos, cantos y juegos. Wayra o viento, era una deidad jóven siempre inquieto y juguetón. Una de sus labores cotidianas era acompañar a Mayu, su hermano mayor, la deidad de los ríos de la foresta. La alianza entre éstos era de irrigar el bósque y refrescarlo para que la madre suprema mantenga su presencia divina en el órden cíclico del cósmos.
Wayra había ayudado a las aves a modular sus cantos y darles una melodía y tono particular. Un día quiso hacer algo similar con los humanos, como había tantos quiso elegir uno muy trabajador.
Inmediatamente pensó en aquél agricultor que pasaba cada mañana por las riberas de mayu, vio que éste era un gran hombre de familia y de campo, que muy temprano acudía a cuidar a sus animales y trabajar su chacra, vio además, que regresaba muy tarde cuando casi la luz de tata inti se ocultaba con el ocaso del horizonte. Tananta así se llamaba el agricultor sería en adelante su elegido.
Decidió así, regalarle el silbido para acompañar su largo trayecto por medio de la Selva. Tananta en adelante, caminaría alegre y ritmicamente al son de sus silbidos, siendo éstos casi semejantes al canto de los pájaros. Ese sería el nuevo convenio.
Un día Mayu se percartó que Tananta silbaba casi como un pájaro e inmediatamente se dio cuenta que el único que podía darle esa facultad a los humanos no era otro que Wayra su hermano menor. Espero a éste y cuando lo vio le preguntó sobre lo acontecido -he oído silvar a Tananta y por un momento pensé que era un pájaro. Wayra le dijo -le he otorgado la facultad de silbar porque quería alegrar sus pasos y porque es un humano justo y trabajador. Luego Wayra agregó -no te he consultado porque no quería incomodarte.
Mayu no sólo estaba de acuerdo con la ofrenda, sino que además propuso regalarle desde el poder de sus aguas sensibilidad, fuerza y sentimiento de su energía purificadora. Así se pusieron de acuerdo para obsequiarle a Tananta el don de icarar, es decir de cantar. En adelante, el indígena caminaría por las riberas de Mayu cantando y silbando a los cuatro vientos, para honrar y respetar a las deidades del bósque. Como cualquier otro don divino, ésto permitiría tomar contacto y crear una nueva alianza con éstos dioses.
Sus primeros icaros serían bien recibidos por las demás deidades y espíritus del bósque, alguno de los cuáles había informado el acontecimiento a Pachamama la madre suprema.
La deidad mayor encargó llamar a sus hijos y les preguntó sobre este suceso. Wayra y Mayu le dijeron -Tananta es un humano sensato y respetuoso de la Selva, merece icarar para comunicarse por medio de sus cantos con los espíritus del bósque. Luego agregaron -si no te hemos informado de lo sucedido fue por no incomodarte Madre Suprema. Pachamama replicó -han hecho bien hijos míos, en adelante este será el nuevo pacto entre los humanos y las divinidades. Agregó -cada vez que los humanos canten las deidades del bósque escucharán con atención.
En adelante, Tananta no solo silbaba sino que icaraba muy contento de la nueva alianza, sus cantos nacían desde su corazón que es su sangre, lo que le permitiría hablar con la naturaleza, calmar las aguas, calmar al viento, invocar a los espíritus y curar a los enfermos con la energía suprema purificadora. Los Icaros serían así los cantos de una nueva alianza de los dioses con los humanos, una nueva pachachaka con la pachamama.
Autor: Arnaldo Quispe.
domingo, 5 de enero de 2014
Deseos Cumplidos.
Hola amigos, bueno siempre digo que no se escribir como hacéis muchos de los que me visitáis y sigo diciendo lo mismo:), pero el año pasado escribí este cuento y hoy os voy hacer sufrir un pelin cuando lo leáis, ya diréis que os parece:)
Anny era una niña muy dulce tenía 11 años y
pertenecía a una familia acaudalada, su padre era un hombre de negocios que
aparentemente le ha ido muy bien, su madre una señora muy recta que no
aguantaba a los niños, por eso Anny y sus hermanos, tenía una hermana Lucy de 8
años y un hermano Tony de 6 años, desde que nacieron estuvieron al cuidado de
niñeras, no les faltaba nada material, pero solo conocían el cariño que les
daban las niñeras y cuando se lo daban que no era siempre.
Una noche Anny se despertó sobresalta, se oía mucho
ruido, salió fuera de su habitación y vio al personal de servicio correr y
llorar, le pregunto a una de las doncellas que paso por su lado que pasaba,
esta la miro llorando y no le dijo nada marchándose corriendo, Anny fue a
buscar a sus padres y al llegar a la habitación de ellos fue cuando vio que
estaban todos en la puerta, al entrar en la habitación vio a su madre toda
seria de pie junto a la cama, entonces fue su madre cuando le dijo que su padre
había muerto.
Después del entierro de su padre,
al día siguiente se presentaron en la casa muchos acreedores ya que su padre les
debía mucho dinero, se dieron cuenta entonces que estaban completamente
arruinados y tenían que abandonar la casa, sin dinero y con lo justo de ropa
salieron en busca de alguna casa para poder cobijarse, ya que los amigos les
dieron la espalda, fueron a parar a uno de los barrios más humildes de la
ciudad, encontraron una casa casi en ruinas pero no había otra cosa mejor, como
pudieron se acomodaron en ella.
Pasaban los días y los pocos alimentos que se llevaron ya empezaban a
terminarse, la madre de Anny cayó enferma del frío que hacía en la
casa, sus hermanos estaban pasando hambre y Anny no sabía que hacer, salía
todas las mañanas y recogía los trozos de carbón que se les caía a los carros
cuando lo llevaban para venderlo, pasaba por los mercados y recogía lo que
tiraban y se podía aprovechar, pero todo eso no hacía nada para quitar el
hambre de todos y calentarles.
Anny se dormía todas las noches llorando pidiendo
alguna ayuda, su madre cada vez estaba más enferma, se acercaba la Navidad y
sus hermanos pequeños cada vez se les veía más tristes y con aspecto enfermizo,
los vecinos que tenían aun siendo pobres cuando les podían ayudar en algo les
ayudaban, compartían lo poco que tenían.
Un día al ir a salir de la casa se encontró con un
caballero que estaba a punto de llamar a la puerta, ella se asusto mucho
pensando que era un nuevo acreedor que había dado con ellos y venia a pedirles lo
que no tenían, le pregunto al señor que quería y este le contesto preguntándole
si era Anny Lamfort.
Ella le dijo que sí, que que quería, entonces la
cara del caballero se ilumino con una gran sonrisa, Anny le dijo que de que se
reía ya que no tenia gracia ninguna, entonces este le dijo que era su tío Tony,
hermano de su padre que había pasado muchos años en América donde había
acumulado una gran fortuna con sus negocios, que al enterarse de la muerte de
su hermano por medio de los abogados y saber la situación en que habían quedado
decidió regresar y ayudarles, que su hermano pequeño llevaba el mismo nombre
por el,
Al cabo de unos días todos residían en la casa que
su tío había comprado, su madre iba mejorando y sus hermanos tendrían una
bonita Navidad, pero para que Anny tuviese esa bonita Navidad le faltaba una
cosa, con ayuda de su tío fue casa por casa de sus vecinos que les ayudaron sin
tener nada, y les fueron dando toda clase de alimentos, juguetes para los
niños, también regalos para los mayores, a partir de entonces entre la niña y
su tío se encargaron de que a aquellas personas no les faltase nada y les
dieron trabajo en las empresas que su tío había abierto en la ciudad.
Llego el día de Navidad y lo iban a celebrar todos
juntos incluidos los antiguos vecinos, la madre de Anny ya recuperada se acerco
a sus hijos y les dio por primera vez un beso, comprendió llorando que se había
perdido mucho cariño de ellos por ser como era. Otro deseo cumplido pensó Anny
con lagrimas en los ojos, entonces cogió a su madre de la mano y le dijo ven
conmigo, fueron entonces
donde estaban todos y así celebraron esa bonita Navidad.
Pili F.
domingo, 23 de diciembre de 2012
Un cuento para Mario.
Había una vez un niño, un niño soñador, de los que parece siempre en Babia. Él era feliz en su mundo creado para sí mismo, donde hadas, elfos y brujas andaban a sus anchas.
Un día vio llorar a su padre y eso lo descompuso, ya que la tristeza no cabía en él. Se sintió, a su vez, muy triste, y esa noche cuando su padre terminó el cuento que todas, todas las noches le acompañaba a dormir le preguntó.
—Papá ¿Por qué lloran los papás?
—Mario, la vida no es como la sientes de niño, la vida es correr para no llegar y en la carrera, dejarte la propia vida.
La explicación dio que pensar a Mario que a partir de ese día empezó a fijarse en la vida de sus padres. Observó que se levantaban temprano, iban a trabajar, le llevaban al colegio, hacían los trabajos de casa, lo llevaban al médico cuando enfermaba, a natación,…y muy, muy de vez en cuando, veía a sus padres reír juntos y abrazarse…y comprendió lo que quería decir su padre.
Mario —preocupado— se lo contó a Atergo —el duende—, que a su vez se lo contó a Nebrisa —la diosa de los sueños— que consultó con Recartes.
Recartes era el brujo que todo lo sabía, porque era el más viejo y el que tenía la barba más larga. Y eso, es importante en el mundo que gobierna a los niños: la barba.
Recartes pensó y pensó, hasta que dio una solución que haría que su padre no volviera a llorar.
Nadie sabe lo que ocurrió, pero al día siguiente todos los relojes del mundo desaparecieron. Al principio fue un caos pues nadie sabía cuando empezaba el trabajo, ni cuando terminaba, ni a qué hora era la comida, ni cuando levantarse, o cuando terminaba un lunes y empezaba el martes.
Pero poco a poco la vida empezó a regirse sin tiempo, se comía cuando se tenía hambre y se trabajaba cuando se tenía algo que hacer. No había prisa ya que el tiempo no existía.
Y así el padre de Mario nunca volvió a llorar.
Autor: Desconocido.
viernes, 14 de diciembre de 2012
Dutieng (Cuento Compartido)
Hola amigos, aquí tenéis el nuevo reto del blog Acompáñame: http://podemos-juntos.blogspot.com.es/search?updated-max=2012-12-12T17:00:00%2B01:00&max-results=5, esta vez se trata de un cuento navideño, bueno he de decir que el cuento es compartido con mi querido mago, mas conocido por muchos de vosotros como Karras, el me prepuso hacerlo a medias y que conste bajo amenazas si si y encima se alió con su hada Mar jeje, la verdad que el que lo ha escrito casi todo ha sido el como podéis suponer, yo solo le puse unas letrillas y las imágenes que en parte alguna también es de el:), total que lo único que he echo yo ha sido deleitarme leyéndolo antes que vosotros:)
Muchas gracias por todo mago, te lo agradezco y mucho, como ya te dije el cuento es muy bonito y no le hacia falta nada mas, se te quiere mucho:)
Dutieng tiene ocho años. Es un niño muuuuyyyy ocupado, tanto, que desconoce el significado de la palabra juego. No, Dutieng no estudia, no lee, no escribe y apenas se relaciona con otros niños de su edad. Él desde hace tiempo tiene que ayudar a su familia, esta se compone tan solo de dos hermanas menores que Él.
Vive en una pequeña aldea en el corazón de África. Se levanta al amanecer porque ha de llevar a pastar, a las cuatro vacas de que disponen y cuidar de que ningún animal las ataque. Para ello se ayuda de un palo y de los gritos que lanza cuando se acerca alguna hiena o (en ocasiones) algo más grande. Hasta ahora ha tenido suerte, tan solo tuvo que lamentar la pérdida de un ternero el año pasado. Eso pasó porque se reunieron varias alimañas si no Él hubiera resuelto la situación como otras veces, o al menos eso esperaba.
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| Imagen de Karras |
Sus abuelos le hablaron en una ocasión de algo blanco y frío que cubre las lejanas montañas. Dutieng quiere verlo, quiere correr entre esa extraña sustancia, quiere ver reír a sus hermanas jugando con Él, rodando, saltando. No sabe por qué pero tiene seguro que la felicidad de los tres se esconde allí aunque se le antoja imposible llevar a cabo su deseo.
Por primera vez Dutieng reza esa noche pidiendo algo distinto a lo acostumbrado. Ya llevan rato durmiendo cuando el ajetreo de sus animales les avisa de algo inusual en la noche. Él sale con su bastón y su corto cuchillo de caza decidido a enfrentarse a la amenaza que suena fuera de la pequeña choza. En primer lugar sus descalzos pies notan un frío suelo blanco que le hace sentir una sensación extraña, sus dientes castañean sus manos le responden muy lentas.
Y es entonces cuando asombrado..... lo ve.
Cerca de la puerta hay un animal extraño, no es muy grande, diríase que es un antílope o algo parecido pero su cornamenta es muy distinta, su largo pelaje no es común por aquí. Está tumbado, parece herido en una de sus patas y lo más extraño de todo, tiene la punta de su hocico de un rojo que reluce en la noche.
Dutieng supera el miedo llama a sus hermanas y como pueden lo arrastran dentro de la choza. Allí lavan con mimo su herida y entablillan con esmero su rota pata. El animal no se quejaba.
Antes de las primeras luces, Dutieng se despierta. El suelo blanco ha desaparecido y contempla asombrado al raro antílope que está en pie como si nunca hubiese estado herido. Ese día todo acaban antes sus tareas para pasar más tiempo con él. Corren con él, saltan con él, nadan en el río y de repente se dan cuenta de que lo que están haciendo les hace reír y se sienten felices.
Aprenden sin saberlo....... a jugar.
Esa misma noche mientras duermen abrazados a él vuelven a sentir ese intenso frío y un sonido que nunca habían escuchado, algo como clink, clink clink. Los tres en esta ocasión se asoman y descubren un puñado más de esos extraños antílopes atados a un carro sin ruedas del que se baja un no menos extraño personaje. Sus ropas también son raras pero no están hechas de piel, al menos no de la piel de ningún animal conocido pues estas son del color de las hojas de los árboles.
Al ver sus asombradas caras, el orondo individuo se inclina hacia atrás haciendo más prominente si cabe su redonda barriga y emite un sonido que diríase una carcajada pero mucho más grave. Ho,Ho,Ho.
¿Cómo estas Dutieng?, ven no tengas miedo, Acompáñame…
Dutieng sin salir de su asombro se atreve a preguntarle que quien es, entonces el individuo se lo dice, soy Santa o Santa Claus, me puedes llamar como mas te guste.
(Increíble habla una lengua desconocida y aun así Él le entiende perfectamente).
Verás hemos recogido tu petición y cuando veníamos a investigar sobre su origen Rudolf se ha desorientado y ha venido a parar directamente a la dirección adecuada Ho,Ho,Ho.
Al día siguiente todas las cabañas estaban repletas de alimentos la gente del poblado reía, cantaba, celebraba la suerte por semejantes regalos. Y esto se repitió año tras año. Los niños pudieron dejar las tareas duras a los mayores y ayudar en otras formas en la comunidad. Algunos se especializaban incluso en signos y huellas que después transmitían a sus compañeros que a su vez compartían otras enseñanzas aprendidas en el día.
Dutieng se hizo mayor, tuvo hijos a los que enseñó que debían dar gracias por lo conseguido, a saludar al cielo en esa noche con la certeza de que alguien les estaba saludando a su vez y a compartir con el resto cualquier cosa buena sucedida.
Cuando murió Dutieng, en la aldea se declaró día de dar gracias porque Dutieng vivió en la aldea, y daban gracias también al día en que por su bondad cambió el curso de sus vidas.
Y a pesar de no tener una idea clara del transcurso del tiempo ni preocupaciones por su paso, en la aldea sabían perfectamente la localización de este día.
Porque desde entonces año tras año, en ese cálido y perdido lugar situado en pleno corazón de África sucede que la noche anterior........nieva y ese día, que todos celebran con tanto cariño derrochando bondad, ese día que los niños juegan sin cansarse y comen caramelos sin hartarse, ese día que todos comparten lo que tienen, ese día que todos esperan con mucha ilusión, ese día.... es Navidad.
Autor: Karras.
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