jueves, 20 de marzo de 2014

Leyenda de la flor Pasionaria


Foto de Karras
Mburukujá era una hermosa doncella española que había llegado a las tierras de los Guaraníes acompañando a su padre, un capitán del ejercito de la Corona. Mburukujá no era su nombre cristiano, sino el tierno apodo que le había dado un aborigen guaraní a quien ella amaba en secreto y con el que se encontraba a escondidas, ya que su padre jamás habría aprobado tal relación. En realidad, su padre ya había decidido que ella desposara a un capitán a quién el creía digno de obtener la mano de su única hija.

Cuando le revelaron los planes de matrimonio, la joven suplicó que no la condenaran a consumirse junto a un hombre a quien no amaba, pero sus ruegos solamente lograron encender la cólera de su padre. La doncella lloró desconsolada, tratando de conmover el inflexible corazón de su padre, pero el viejo capitán no sólo confirmó su decisión sino que además le informó que debería permanecer confinada en la casa hasta que se celebrara boda.

Foto de Karras
Mburukujá debió contentarse con ver a su amado desde la ventana de su habitación, ya que no estaba autorizada a salir a los jardines por la noche y difícilmente lograba burlar la vigilancia paterna. Sin embargo, envió a una criada de su confianza para que lo informara sobre su triste futuro. El joven indio no se resignó a perder a su amada, y todas las noches se acercaba a la casa intentando verla. Durante horas vigilaba el lugar, y sólo cuando se percataba de que los primeros rayos del sol podían delatar su posición se retiraba con su corazón triste, aunque no sin antes tocar una melancólica melodía en su flauta.

Mburukujá no podía verlo, pero esos sonidos llegaban hasta sus oídos y la llenaban de alegría, ya que confirmaban que el amor entre ambos seguía tan vivo como siempre. Pero una mañana ya no fue arrullada por los agudos sones de la flauta. En vano esperó noche tras noche la vuelta de su amado. Imaginó que el joven indio podría estar herido en la selva, o que tal vez había sido víctima de alguna fiera, pero no se resignaba a creer que hubiese olvidado su amor por ella.

Foto de Karras
La dulce niña se sumió en la tristeza. Su piel, otrora blanca y brillante como las primeras nieves, se volvió gris y opaca, y sus ojos ya no destellaron con hermosos brillos violáceos. Sus rojos labios, que antes solían sonreír, se cerraron en una triste mueca para que nadie pudiera enterarse de su pena de amor. Sin embargo, permaneció sentada frente a su ventana, soñando con ver aparecer algún día a su amante. Luego de varios días vio entre los matorrales cercanos la figura de una vieja india. Era la madre de su enamorado, quien acercándose a la ventana le contó que el joven había sido asesinado por el capitán, quien había descubierto el oculto romance de su hija. Mburukujá pareció recobrar sus fuerzas, y escapándose por la ventana siguió a la anciana hasta el lugar donde reposaba el cuerpo de su amado.

Enloquecida por el dolor cavó una fosa con sus propias manos, y luego de depositar en ella el cuerpo de su amado confesó a la vieja india que terminaría con su propia vida ya que había perdido lo único que la ataba a este mundo. Tomó una de las flechas de su amado, y luego de pedirle a la mujer que una vez que todo estuviera consumado cubriera sus tumbas y los dejara descansar eternamente juntos, la clavó en medio de su pecho. Mburukujá se desplomó junto al cuerpo de aquel que en vida había amado.

Foto de Karras
La anciana observó sorprendida como las plumas adheridas a la flecha comenzaban a transformarse en una extraña flor que brotaba del corazón de Mburukujá, pero cumplió con su promesa y cubrió la tumba de los jóvenes amantes. No pasó mucho tiempo antes de que los indios que recorrían la zona comenzaran a hablar de una extraña planta que nunca antes habían visto, y cuyas flores se cierran por la noche y se abren con los primeros rayos del sol, como si el nuevo día le diera vida, una flor que bautizaron como 'la pasionaria'

Nota: Los jesuitas, identificaron la flor del mburucuyá con los atributos de la pasión cristiana: la corona de espinas, los tres clavos, las cinco llagas y las cuerdas con que ataron al Jesús en el Calvario. Y en los rojos e irregulares frutos, los religiosos creyeron ver las gotas coaguladas de la sangre de Cristo. Esta flor tan singular, se cierra como si se marchitara al ponerse el sol, y se abre cobrando su brillo natural cuando amanece.


Autor: Desconocido.

10 comentarios:

  1. Hola pequeñasaltamontes pase por tu nuevo blog pero no me deja hacerme seguidor, jajaja iba a ser el primero creo ejjej
    Venga besotessssssss para la mocosilla y para ti también
    näkemiin

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  2. Hola Piruja,el Amor nunca muere.Por lo tanto, allá donde esté vive y siempre lo hace en armonía con el lugar en el que se encuentre.
    Como siempre, una historia de Amor tan bien escrita que te puedes meter dentro de ella y vivirla:)

    Besos:)

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  3. ¡Que historia tan bonita!
    La flor de la pasión es preciosa y Karras ha sabido plasmar esa belleza, sois unos craks
    Abrazos

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  4. Hola Piruja,como siempre una bella leyenda,el amor perdura incluso en la muerte. No hay nada mas puro.
    Un beso

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  5. ¡Ay, los amores subyugados! Al parecer tienes una fuente inagotable de leyendas a cada cual más bella.
    Un beso.

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  6. Ya he cambiado la dirección del blog por la nueva.
    Gracias y buena suerte en eta nueva andadura

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  7. Una bonita leyenda con un triste final.La flor es preciosa, yo la tuve en mi terraza por mucho tiempo hasta que la quité porque me manchaba mucho.besicos

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  8. ¡Hola, Piruja!!!

    La flor es muy bella; la leyenda o historia, tiene la belleza de ser exquisitamente bien plasmada, parece que uno está viendo ante los ojos, esas imágenes que narras.
    Ha sido un inmenso placer , gracias por darme la oportunidad.

    Te dejo mi gratitud y mi estima siempre.
    Un abrazo y se muy muy feliz.

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  9. Acabo de descubrir tu blog.
    Me gusta cómo escribes.
    La flor de la que hablas yo la conocí de niña. Cubría toda una pared de piedra del jardín de mis amigas: un hermoso jardín que rodeaba la casa. Allí llamaban a la flor "la corona de espinas". Es una imagen entrañable, de infancia feliz.

    Concha Reviriego Almohalla

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  10. Que blog, mas bello, volveré a leerte, un abrazo y feliz domingo.

    Te invito a que pase por mi blog.

    Un abrazo. Pastora

    http://entredosluces12.blogspot.com.es/

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La vida no es esperar a que pase la tormenta..., es aprender a bailar bajo la lluvia.

Gracias a todos:)

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